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El Cañón del Colca en Kayak, el Más Profundo del Mundo

Cañon del Colca
  • Es el cañón más profundo del mundo, sólo unos cuantos han visto su corazón y no todos han vivido para contarlo.
  • En 1981 un grupo de siete polacos se internó por primera vez en el Cañón del Colca. El descenso, programado para dos semanas, tuvo una duración final de 45 días. Enfermaron, se quedaron sin víveres, fueron revolcados por los rápidos y les llovieron piedras que se desprendieron de las paredes del desfiladero.
  • En 1993, trece kayakistas -de Estados Unidos, Nueva Zelandia, Israel, Perú y Chile- y una balsa, constituían la Séptima expedición que intentaría descender este río. Siete años después, Juan Federico Zuazo recuerda la aventura.

Antecedentes Geográficos

El Cañón del Colca, de 100 km. de longitud, está en el Departamento de Arequipa, Perú, y es considerado el cañón más profundo del mundo. Se inicia en la localidad indígena de Chivay (3600 msnm) y termina donde el Colca recibe al Andamayo, y cambia su nombre al de río Majes.

En su parte más profunda el cañón tiene paredes verticales de unos 1000 m. de altura, con una separación no superior a los 300 m. Si se consideran las cumbres -Nevado Coropuna (6425 m) y volcán Ampato (6310 m)- que se elevan por encima de las terrazas en la parte superior, su profundidad máxima es de 3400 m.

El río Colca es el más largo de la costa peruana. En sus 388 km de longitud cambia cinco veces de nombre. En Canco (punto de partida de la expedición) tiene aproximadamente 30 m3/seg de agua, y en los 56 km. de recorrido recibe a los ríos Huambo, Mamacocha y a numerosas quebradas, que elevan sus caudales a 55m3/seg. El cañón tiene 100 kilómetros, el río, de largo, mide 388 kilómetros. Lo que es factible bajar corresponde a 56 kilómetros.

Desde Canco, los primeros kilómetros tienen muy poco desnivel; sin embargo, a la altura del río Ayo, alcanza su desnivel máximo: 20m/km. El promedio es de 10m/km.

La Expedición

Salimos muy temprano desde Arequipa con rumbo al poblado de Chivay. Enormes planicies desérticas, numerosos volcanes a la vista y los casi 5000 m de altitud de nuestro recorrido eran sólo el comienzo de esta gran odisea. De ahí en adelante comenzaba la entrada a otro mundo, poblados muy representativos de la cultura quechua, construcciones en adobe y roca, pero principalmente esas series de terrazas de cultivo robadas a las verticales paredes serían lo que marcaría nuestro ingreso a un territorio que muy pocos seres humanos habían visto.

Jueves 5 de agosto.

Durante todo el día anterior habíamos transportado nuestros kayaks y equipos a través del cañón de Huambo, vía de entrada al cañón del Colca, atravesando estrechos senderos y cuidando que las mulas que nos acompañaban no cayeran por los despeñaderos. Eran senderos zigzagueantes de no más de 50 cm de ancho. Por un lado las verticales paredes y por el otro, un profundo acantilado. La dificultad mayor radicaba en que cada uno de los expedicionarios era responsable de su burro, el cual llevaba en su lomo atado un kayak. La complicación estaba en que continuamente el kayak chocaba con paredes de roca, lo que obligaba a ser muy cuidadosos y evitar que el burro se despeñara con todo el equipo.

Finalmente llegamos a Canco, nuestro campamento inicial a orillas del río. Al día siguiente visitaríamos las Cascadas Juan Pablo II, hermoso salto de agua, denominado así por los primeros polacos en descender este cañón. Esto marcaría nuestro punto de partida en el río y a la vez, nuestro último contacto con algún pueblo. Los próximos tres días avanzaríamos alrededor de 25 km., los rápidos irían aumentando gradualmente su grado de dificultad en la medida que más afluentes incrementaran el caudal del río, y el paisaje no dejaría de impresionarnos por su sequedad y abismante verticalidad.

Lunes 9

De aquí en adelante viviríamos una nueva visión del día y la noche. Desde las 6 am hasta las 4 pm existía luz solar. El sol, como tal lo veíamos solo unos minutos por la profundidad en que estábamos inmersos. No tendríamos espacio para armar carpas y tendríamos que dormir en cuevas ya que estábamos dentro de un cañón en formación, lo que significaba que por efecto de los cambios de temperatura entre el día y la noche, y por el tipo de formaciones rocosas era habitual escuchar derrumbes en la noche.

Esto nos producía una angustia y a la vez emoción que solo comprenderán aquellos que estuvimos adentro ya que no sabíamos lo que nos esperaba. Quizá los rápidos descritos por las anteriores expediciones se hubieran complicado, o peor aun, hubieran aparecido otros. Partimos de nuestro 3º campamento alrededor de las 8 am. El día estaba despejado. Ya a la primera de hora de descenso encontramos rápidos grado V (en la escala de I a VI). En varios fue necesario alinear la balsa; es decir, hacerla pasar por el rápido sin tripulantes, guiándola solamente por cuerdas desde la orilla. Alrededor del mediodía llegamos al rápido denominado Canoandes: dos cascadas muy rocosas de dos metros de altura aprox., separadas por un pequeño y turbulento remanso.

En los rápidos importantes se debía realizar un scouting; es decir, el grupo se detiene antes, estudia los obstáculos, monta un sistema de rescate y elige las posibles rutas a seguir. Aquí la confianza juega un papel importante. Ya en el agua, todo dependerá del remero... y de los miembros del equipo que están alertas ante cualquier problema. Durante el recorrido se experimenta una gran dosis de emoción y adrenalina, y al finalizar el rápido es como si volvieras a nacer, tu autoestima se potencia al máximo.

En Canoandes, sin embargo, la fuerza innegable del agua se hizo presente: dislocó el hombro derecho de Giancarlo que, de ahí en adelante pasó a aumentar el peso de la ya sobrecargada balsa. Seguimos descendiendo rápidamente, dada las escasas horas de luz disponibles, hasta encontrar un lugar seguro para montar el 4º campamento. Llegamos a una especie de caverna formada por una placa horizontal de piedra, de una sola pieza, con más de 50 m, de largo por 20 m. de ancho. Frente a nosotros, un pequeño hilo de agua caía desde una altura de 80 m.

Lo llaman "la ducha de los cóndores". La mañana siguiente, varias familias de cóndores tomaron un baño matinal, pasando por debajo del rocío que deja la cascada al reventar varias veces en su caída. En los días siguientes avanzamos otros 20 km., encontrando numerosos rápidos de dificultad media a alta. La sección que más preocupados nos tenía era El Cañón de Reparaz, denominado así en honor al historiador y estudioso del Colca Gonzalo de Reparaz Ruiz; su dificultad radica en que es imposible hacer un scouting antes de descenderlo. En esta parte, las paredes del cañón alcanzan su máxima altura: alrededor de 1000 m. verticales.

Eso significaba que deberíamos correrlo sin saber lo que venía más abajo. Hasta el momento el río se había caracterizado por ser un constante slalom entre rocas, por la imposibilidad de escapar de él (una vez que se entra, sólo se sale 7 días después, ni siquiera un helicóptero puede bajar, por lo estrecho del cañón y por las fuertes corrientes de aire existentes), por la dificultad de ver la ruta y por los innumerables "undercuts" o cuevas bajo el agua, verdaderas trampas mortales si no se extremaban las medidas de precaución. Extremando cualquier eventualidad, y haciendo uso de técnicas de montaña y anclaje logramos "asegurar" el descenso de cada uno de los integrantes. Todos corrimos Reparaz con cero faltas, pero si con un gran nudo en la "guata".

Jueves 12

Habíamos dormido a las puertas del último gran rápido, El Cañón de los Polacos, bautizado en honor al primer grupo de expedicionarios que descendió el Colca. Es un cañón de aproximadamente 500 m. de largo, de dificultad máxima (VI), con enormes rocas y pasos de agua muy estrechos, imposibles para el paso de una balsa. Se decidió portearlo, lo que significó trasladar todos y cada uno de los kayaks, balsa y equipo por una pared prácticamente vertical. La tarea nos tomó toda la mañana, pero ya habíamos sorteado el último de los rápidos que nos tenía preocupados. Más adelante venían tres o cuatro rápidos de menor dificultad. Terminamos así nuestro octavo día en el cañón. Este se abría frente a nosotros, dando paso a un paisaje menos vertical, con vegetación, muchas aves. En cierta manera, ellas nos saludaban como si supieran de dónde veníamos y compartían con nosotros la emoción de terminar con éxito la empresa. La presión de tener que continuar obligatoriamente, la angustia de que nada malo nos podía suceder eran el pan de cada día, pero por otro lado, el haber sido partícipes de tan intensa experiencia al descubrir un "nuevo mundo" harían que este viaje lo repitiese 3 años después.

Este tipo de situaciones nos hacen reflexionar acerca de la importancia real de conceptos como el compañerismo, la confianza en ti mismo y tus amigos, la lealtad y sinceridad, valorizar la belleza de las cosas mas simples que nos ofrece la vida. Pero más que nada sobre la alegría de sentirse vivo.

Equipo recomendado
Kayak de río, específico para ríos rocosos, corto y de gran volumen (modelo Rockit de Prijon) un buen casco, ideal integral, 2 remos, uno de repuesto, cuerdas de rescate, poleas, mosquetones, saco dormir sintético con bolsa de compresión (modelo Artic de Doite), carpa para 2 personas (modelo Himalaya de Doite), vestimenta de polipropileno para el campamento (ideal Lifa Helly-Hansen), repelente de mosquitos, GPS y mapa topográfico.

Epoca recomendada
Mediados julio-agosto (volumen de agua es ideal).

Escrito por: Juan Federico Zuazo F.
Fotografía: Giancarlo Guglielmetti

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